''Caminaba por la calle como si esta le perteneciera. Como si las baldosas se inclinaran para ella en señal de reverencia. Mirando hacia el frente sin temor a que alguien pudiera interpretarla de forma intimidante. La suave brisa que hacía mover sus cabellos rojos cual melena de un leon; la misma que ondeaba las banderas y movía las gotas de lluvia a su merced. Estas, que caían en su cara ocultando sus lágrimas, se almacenaban en los surcos de la carretera que llevaba a su casa y formaba charcos que no le importaba pisar. Todo un misterio la razón por la cual lloraba. Su vida estaba exenta de problemas y su corazón, ocupado por unos ojos azules de mirada perdida. Unos cabellos rubios que aguardaban su hermosura a millones y millones de kilómetros. Podría haber sido esta la razón de su llanto. Probablemente. Dando media vuelta, abandonaba la carretera que conducía a su hogar. Hoy no volvería a casa. Al menos no tan pronto. No era ese el lugar que su corazón le obligaba a ir.''
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